Los "Templarios" del siglo XX

El libro de Jean Valtin (Richard Krebs) es fascinante. Estoy en la parte en que es enviado a Moscú, a estudiar, en la sección Internacional de la Universidad Comunista de Leningrado.
"Más de seis mil estudiantes frecuentaban la U.C. en el invierno de 1923-1926. En su absoluta mayoría eran rusos que recibían instrucción para su labor política y administrativa en la maquinaria del partido, en los consejos económicos, en los sindicatos y cooperativas, en el Ejército Rojo, en la Armada Roja y en la GPU y para las funciones en el número de las organizaciones auxiliares comunistas. Los estudiantes extranjeros eran incorporados a la sección internacional que ocupaba más de veinte habitaciones en el segundo piso de un edificio vecino..." (pág. 149)"
Cada grupo extranjero contaba, también, con un selecto grupo de rusos preparados especialmente y que hablaban, con perfección, el idioma de los estudiantes. Los cursos se ocupaban de la práctica política, fundamentalmente, sin incluír cuestiones teóricas que estuviesen alejadas de ésta. Todos los cursos apuntaban a la conquista del poder y fuera de ello no había nada importante. Existía una sección militar especial dónde se daban elementos sobre estrategia en lucha callejera y en guerra civil; también otra de estudios policiales, dónde actuaban como profesores funcionarios de la GPU. Existían, para los grupos extranjeros, profesores alemanes, lituanos, polacos, finlandeses y húngaros. Varios de estos profesores murieron, a posteriori, en diversas misiones en zonas fascistas.
"En varias oportunidades dieron conferencias en la universidad los altos mandatarios del Komintern. Estas conferencias eran sucesos excepcionales. Tenían el carácter de mítines de masas bolcheviques y fueron pronunciadas en el amplio hall venerable donde anteriormente había evolucionado la malventurada Duma." (151).
Los estudiantes vivían en cuarteles especiales, según sus nacionalidades. No se estimulaban las reuniones privadas entre diferentes nacionalidades. La disciplina era muy rígida y cada minuto estaba cronometrado:
"La primera clase empezaba a las nueve. Los temas tratados abarcaban desde la Teoría de la Plusvalía de Marx hasta la "aplicación de los métodos de guerra de Clausewitz en la dirección de huelgas"; desde "el derrotismo revolucionario y la transformación de una guerra imperial en un guerra civil" hasta la "piscología de las masas y la propaganda". Después seguía una hora de discusión. Todo problema, desde la guerra hasta el matrimonio, era analizado desde un estricto punto de vista clasista. Seguían otra clase y otra hora de discusión. Entonces llega la una.
De una a dos dedicábamos el tiempo a ejercicios gimnásticos, prácticas de tiro al blanco con revólveres y rifles de pequeño calibre y otras formas de ejercicios físicos (...) Uno de los ejercicios consistía en hacer gimnasia bajo duchas heladas, una prueba de autocontrol en la cual las muchachas, invariablemente, batían a los estudiantes varones de mayor resistencia. Severnoye Siyanie -aurora boreal- llamábase esta tortura." (152)
Toda actividad, de cualquier clase, era supervisada por la oficina de control del Komintern, de la que Otto Wilhelm Kuusinen (colaborador de confianza de Lenin y posterior jefe del gobierno establecido por Stalin en Finlandia) era su principal figura. Estaba bajo esta supervisión oficial, el tiempo, las lecturas, las relaciones personales y cualquier otro aspecto de la actividad diaria:
"No podíamos tener otros libros que aquellos de que nos proveían las bibliotecas de la Universidad y del Club Internacional. Cautelosamente se nos impedía todo contacto con obreros y estudiantes rusos. A intervalos regulares podíamos comprobar que todas las habitaciones de los estudiantes habían sido objetos de intensas búsquedas mientras sus ocupantes estaban en clase o en alguna excursión. Los hombre de la GPU escuchaban todas nuestros conversaciones. Éramos, sin embargo, revolucionarios sinceros y veíamos en al GPU un cuerpo creado para nuestra protección. Eramos devotos de la Unión soviética. No teníamos nada que ocultar. Estábamos demasiado ocupados de la mañana a la noche para desviarnos del camino de hierro comunista... Nunca llegó en todos esos meses a mis oídos nada que indicara que algún estudiante extranjero hubiera tenido alguna dificultad con la GPU" (154).
Y así prosigue, por varias páginas el autor desgranando sus impresiones y actividades en esta peculiar universidad. A los estudiantes se los disuadía de contraer matrimonio, tener hijos, o poseer algo propio, más allá de sus pertenencias indispensables. Las relaciones entre sexos eran permitidas y se trataba de excluír de ellas toda relación amorosa de contenido burgués.
"No admitíamos la persecución y el molestar a muchachas que no estaban dispuestas a respondernos. No admitíamos la falsa vergüenza ni la curiosidad mórbida. Era regla que un estudiante que se sintiera atraído por alguna muchacha le dijera con franqueza: "Yo la deseo. ¿Quiere ser mi compañera mientras el partido nos permita estar juntos?". Si el sentimiento era recíproco, la muchacha sonreía y contestaba, con un movimiento de su cabeza, afirmativamente, y el asunto estaba arreglado. Y así también era cuando la otra parte no consentía. A menudo dos o más jóvenes dedicaban su amistad a una sola muchacha. No se hacía secreto alguno de estas relaciones. Los salones de entrenamiento en la planta baja de nuestra casa, donde bailábamos o tomábamos vodka y jugábamos al ajedrez por la noche, eran más tarde, indefectiblemente, reservados para los amantes. Las muchachas rusas del Konsomol frecuentaban en grupos las casas de los estudiantes, ya que rodeaban con una aureola de heróismo romántico a los jóvenes comunistas de países extranjeros. Pero las hordas de desgraciadas prostitutas, que temblaban enlas plazas y los portales, nunca entraban en nuestra vida. Los casos de enfermedades venéreas entre los estudiantes eran extremadamente raros." (156).
No puedo seguir transcribiendo más, ya que todo el material que ofrece Krebs resulta muy interesante. Basta agregar que también dedica varias páginas a sus compañeros de estudio, a aquellos que pudo seguir el rastro posteriormente, y que, murieron en diferentes circunstancias años después.
La lectura de esta parte del libro deja la sensación que deliberadamente el gobierno soviético de entonces (la época de transición aún marcada por la presencia de Lenin, Trotsky y Stalin) estaba creando un vasto cuerpo de peculiares "monjes soldados" para extender la revolución a todo el mundo. Unos monjes laicos, pero armados de la misma inquebrantable fé y dispuestos a obedecer las órdenes que se les dieran; sin discutirlas.

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