Una monarquía optimista

Estoy terminando "1930". La constante en todos los meses de este año es el despiste fenomenal del gobierno de Berenguer que de tener un horizonte corto pasó a considerarse como estable, dejando que los cambios políticos se operasen con mucha calma. Todo partía de una visión errónea de la realidad política española, dónde se suponía que la monarquía seguía siendo querida por el pueblo y que los partidos republicanos y socialistas sólo sacarían unos pocos votos en unas elecciones generales.
Increíblemente los pasos dados por los nuevos dirigentes republicanos apenas fueron controlados por el órgano de seguridad que dirigía el general Mola, mucho más preocupado por los anarquistas y su creciente fuerza sindical. Así se pudo formar un gobierno provisional republicano en la sombra, que se reunía regularmente en el Ateneo madrileño, y éstos establecer conversaciones con los socialistas de Largo Caballero para una futura acción común. El levantamiento adelantado y fallido de Jaca y luego de Cuatro Vientos dejó la sensación al gobierno que los republicanos no tenían ninguna posibilidad de acceder al gobierno por la fuerza, y que tardarían décadas en volver a intentarlo.
Así que los partidos monárquicos se dedicaron a sabotear al gobierno de Berenguer disputándose un poder que suponían indiscutible. Cae Berenguer por tales manejos de los monárquicos y lo reemplaza un gobierno aún más débil, el del Almirante Aznar, que por su formación y conocimientos bien podría ser asimilado a un "marciano" en la España de entonces. Así es como se preparan las elecciones a los ayuntamientos; con la seguridad que todo el país votará casi unanimemente por los candidatos de los partidos monárquicos.

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