Eficacia económica y represión política dan buenos resultados... a corto plazo

He terminado el libro de Sheridan y lo que más me llamó la atención de esta obra ha sido la habilidad con que los nazis pudieron controlar al país. Resulta muy claro que Hitler alcanzó la cúspide porque supo rodearse de un excelente equipo de colaboradores quienes a su vez pusieron en marcha una política de asalto al poder muy eficaz ya que aprovechó todas las debilidades de la República de Weimar con una organización de alto voltaje, dura,  tenaz e inteligente (aunque carente de toda moral) para alcanzarlo.
Los nazis pusieron a trabajar al unísono a la hez de la sociedad  junto a personas prestigiosas entre sus vecinos por sus valores morales. Aceptaron en el mismo partido a los pistoleros sin nada que perder junto a los intelectuales humillados por la imposición unilateral del Tratado de Versalles; a los "parados" sin esperanza y a la burguesía temerosa de los bolcheviques; a los antisemitas por tradición y a los cristianos que rechazaban a la socialdemocracia de Weimar. No importaban las contradicciones ideológicas o morales, en cambio ofrecían un frente común contra un peligro común: los rojos y sus apoyos en la sombra.
Los nazis se movieron en un ambiente ya preparado para sus fines, en tanto ya existía en la población un fuerte nacionalismo histórico,  y unos valores militaristas compartidos por toda la clase media y alta. A ello se agregó la depresión económica resultado del crack del 29, que arrojó a la calle tanto a fortunas consolidadas cuanto a a miles de trabajadores fijos y artesanos de larga tradición. El temor a quedarse sin nada es peor que el hecho en si mismo. Una psicología de crisis se extendió por toda la población que, de pronto, sintió que el suelo desaparecía bajo sus piés. Como ha sucedido en otros casos la Alemania prenazi proporcionaba el ambiente ideal para el desarrollo  de un  movimiento extremista y ruidoso. Más todo habría pasado, como una ola, sin la complicidad de la gran burguesía y los altos mandos del ejército que vieron en Hitler una marioneta para sus propios fines. Una manera de liquidar limpiamente a la democracia de Weimar y de instaurar un gobierno que impusiese una nueva constitución sin veleidades socialdemócratas.
El libro destaca cómo, justamente en el momento que Hitler es nombrado canciller del Reich, la marea nazi estaba en un punto de receso. Había alcanzado su máximo y el reflujo se empezaba a notar. Pero es en ese momento clave cuando Hitler recibe de Hindemburg el cargo de canciller y él lo utiliza, sin pérdida de un minuto, para afianzar su movimiento aniquilando a sus adversarios con una sucesión de leyes que configuraron un golpe de estado "por etapas", breves en el tiempo y contundentes en sus efectos..
Lo interesante del libro, que analiza no la política nacional sino la local, es cómo se vivió el ascenso y la consolidación del nazismo en una pequeña ciudad de provincias. Cómo los nazis supieron interpretar los sentimientos y necesidades de la población, explotando sus temores y sus fobias. Cómo, una vez logrado el poder, se dedicaron sistemáticamente a pulverizar todas las organizaciones cívicas de tal manera que desorganizaron el tejido social, aislando a las personas de sus vínculos de amistad y trabajo. A pesar de participar en decenas de reuniones multitudinarias el alemán medio estaba aislado fuera de su familia; aprendió a temer la amenaza de la represión, haciendo que ésta fuese, comparativamente, mucho más suave que en la Rusia bolchevique. Hizo que los opositores se refugiaran en la indiferencia o en la pasividad, mientras prestaban un apoyo formal, más que suficiente, al nuevo régimen.
Una agitación constante de las masas, obligadas a participar en toda clase de manifestaciones colectivas; la supresión de todas las organizaciones tradicionales reemplazadas por sus equivalentes nazis; la represión bien publicitada de los opositores para facilitar la extensión del terror (las detenciones se hacían en pleno día y con gran despliegue), y una eficacia económica que en poco tiempo dejó atrás las consecuencias más desagradables de la depresión (el paro desapareción en menos de un año), fueron los elementos determinantes para provocar el fervor místico de sus partidarios, en todos los estamentos sociales,  y la pasividad total de los que dudaban o veían con malos ojos esa liquidación de las viejas costumbres y normas.
Es probable que un régimen así no hubiese podido durar mucho sin resquebrajarse (es imposible mantener un crecimiento basado en el endeudamiento progresivo del Estado y en la movilización permanente de la población), pero Alemania era un tren lanzado a toda velocidad hacia la expansión y la revancha así que mientras duró el proceso los nazis consolidaron su frente interior, haciendo imposible o casi, cualquier manifestación de hostilidad u oposición a su régimen. 
El libro narra el proceso hasta 1945, cuando entran las tropas norteamericanas en Northeim. Los nazis se volatilizan, camuflados en el anonimato, y el estado de cosas por ellos creados desaparece en el polvo de la destrucción bélica. La parte más interesante del texto es la de la conquista del poder por los hitlerianos, luego el período 1935-1945 presenta encefalograma plano, con una población obediente a las consignas y que trata de apechugar como puede la tormenta posterior, que nadie pudo imaginar cuando parecía que el programa nazi estaba destinado a durar un milenio.

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