Sigo con el libro de Theroux, al que no me arrepiento de haberlo tomado de nuevo (por otro lado apenas lo recordaba... estos son los beneficios de olvidar las lecturas). Al autor le llama la atención el gran contraste que encontró entre los chinos y lo que vió en Polonia, la URSS (ya bajo Gorbachov) y Mongolia.
Existe en China, segun nos cuenta, una actividad colectiva constante y visible como no se da en las otras ciudades visitadas. Unas ganas de trabajar en lo que sea, y un ansia por el dinero que el gobierno más que controlar impulsa. En Pekín Theroux, que no viaja sólo para ver paisajes, logra trabajar por unos días en la Escuela de Tiempo Libre Sun Yatsen. Su asignatura es lengua inglesa y tiene estudiantes del turno nocturno. Le asombra la capacidad de atención y el silencio de la clase, a pesar de que sus alumnos hayan trabajado todo el día y estén naturalmente cansados. Queda tan encantado con su grupo que a la hora de despedirse, por haber terminado su reemplazo, les proporciona unas palabras de estímulo: "Podeis desilusionaros y preguntaros por qué os cuesta tanto asistir a la escuela nocturna. Os aseguro que es difícil para todos. Hace falta valor. Estoy muy orgullo de vosotros y vosotros también deberían estarlo. Si no fuerais duros de pelar no estaríais aquí. Os deseo la mejor suerte del mundo" (pág.126)
Los estudiantes "aplaudieron suavemente" y se despidieron con premura; el tiempo en China es un recurso escaso y hay que aprovecharlo igual que se hace con todo lo que se pone a tiro..
Luego nuestro autor se desplaza a Shangai donde encuentra otra población en crecimiento vertical, con grúas por todas partes y el polvo de las construcciones que cubre la ciudad sin que a nadie le importe mucho. Allí visita un parque normal, pero que tiene la cualidad de que allí se reunen los que quieren aprender inglés. No hay profesores ni clases, mas todo el mundo habla con todo el mundo, en inglés por supuesto, tratando de alcanzar el grado de fluídez deseable. Los que más saben son los que están rodeados por más gente que quiere aprender de ellos. Allí tiene oportunidad de hablar con varios nativos y quedar asombrado por la perfección con que algunos hablan su idioma. Los chinos se expresan con libertad y cuando encuentran un tema delicado, sonríen y callan.
Evidentemente este pueblo es muy suyo, y resulta evidente, a través de las lineas escritas que posee un impulso propio que no depende del gobierno, aunque sea éste el encargado de controlarlo y ponerle metas sucesivas.
Que cada lector saque sus conclusiones particulares de las experiencias de este escritor que, para mí, es el mejor narrador de viajes que hasta el momento he leído. Luego de esta experiencia ya tengo previstos releer otros que también habían quedado juntando polvo en mi biblioteca.
Existe en China, segun nos cuenta, una actividad colectiva constante y visible como no se da en las otras ciudades visitadas. Unas ganas de trabajar en lo que sea, y un ansia por el dinero que el gobierno más que controlar impulsa. En Pekín Theroux, que no viaja sólo para ver paisajes, logra trabajar por unos días en la Escuela de Tiempo Libre Sun Yatsen. Su asignatura es lengua inglesa y tiene estudiantes del turno nocturno. Le asombra la capacidad de atención y el silencio de la clase, a pesar de que sus alumnos hayan trabajado todo el día y estén naturalmente cansados. Queda tan encantado con su grupo que a la hora de despedirse, por haber terminado su reemplazo, les proporciona unas palabras de estímulo: "Podeis desilusionaros y preguntaros por qué os cuesta tanto asistir a la escuela nocturna. Os aseguro que es difícil para todos. Hace falta valor. Estoy muy orgullo de vosotros y vosotros también deberían estarlo. Si no fuerais duros de pelar no estaríais aquí. Os deseo la mejor suerte del mundo" (pág.126)
Los estudiantes "aplaudieron suavemente" y se despidieron con premura; el tiempo en China es un recurso escaso y hay que aprovecharlo igual que se hace con todo lo que se pone a tiro..
Luego nuestro autor se desplaza a Shangai donde encuentra otra población en crecimiento vertical, con grúas por todas partes y el polvo de las construcciones que cubre la ciudad sin que a nadie le importe mucho. Allí visita un parque normal, pero que tiene la cualidad de que allí se reunen los que quieren aprender inglés. No hay profesores ni clases, mas todo el mundo habla con todo el mundo, en inglés por supuesto, tratando de alcanzar el grado de fluídez deseable. Los que más saben son los que están rodeados por más gente que quiere aprender de ellos. Allí tiene oportunidad de hablar con varios nativos y quedar asombrado por la perfección con que algunos hablan su idioma. Los chinos se expresan con libertad y cuando encuentran un tema delicado, sonríen y callan.
Evidentemente este pueblo es muy suyo, y resulta evidente, a través de las lineas escritas que posee un impulso propio que no depende del gobierno, aunque sea éste el encargado de controlarlo y ponerle metas sucesivas.
Que cada lector saque sus conclusiones particulares de las experiencias de este escritor que, para mí, es el mejor narrador de viajes que hasta el momento he leído. Luego de esta experiencia ya tengo previstos releer otros que también habían quedado juntando polvo en mi biblioteca.
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