Ya estoy en el último tercio de esta novela, a la que siento demasiado morosa en su ritmo. La acción es lenta y tengo la sensación que al autor tampoco pone mucha energía en resolver su caso; lo que le apetece, según presumo, es describir sociológicamente el ánimo de los cubanos, los de ayer, quemados por las promesas incumplidas de la revolución, y los de hoy, más listos y más escépticos (¿tendrá relación una cosa con la otra?) dispuestos a trapichear en lo que sea para mejorar su nivel de vida.
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