La monarquía en la cuerda floja

Sigo con "1930" el libro que narra con gran detalle lo sucedido en ese año clave para la historia española.
El 18 de junio Manuel Azaña es elegido presidente del Ateneo, una simple entidad cultural privada, pero con gran peso en el Madrid político de la época. Azaña, secretario muchos años de esta asociación, no quería ocupar el cargo, tras la dimisión de don Gregorio Marañón, y fue Valle Inclán el que propuso su nombre y defendió su candidatura ocupándose de convencer al renuente Azaña. Nadie imaginaba, en ese momento, que gracias a tal cargo Azaña se colocaba en el punto de lanzamiento de una singular carrera política.

El 11 de Julio sucedió un hecho importantísimo que curiosamente pasó desapercibido para el Gobierno, a pesar de que la Dirección de Seguridad, dirigida por el general Mola estaba infiltrada en todas partes. Este día una Comisión del partido socialista y de la UGT integrada por Julián Besteiro, Fernando de los Ríos y Manuel Cordero se entrevista con una representación de la Alianza Republicana presidida por Manuel Azaña. La entrevista, muy cordial, sentó las bases de una acción futura conjunta. Hasta ese momento los socialistas y los republicanos siempre habían actuado separados. La Dirección de Seguridad no tuvo ninguna información de ello. Un ejemplo más de la incompetencia de Mola que posteriormente, en la época franquista, fue silenciada.


El 17 de agosto en San Sebastian se reúnen las principales figuras de la oposición al gobierno Berenguer y a la monarquía. De ahí surge una acción conjunta que más tarde fue denominada "El pacto de San Sebastian". Esta reunión logró, además, que los nacionalistas catalanes también se uniesen a la lucha contra la monarquía y su régimen centralista y caciquista. Asombrosamente el gobierno tampoco se enteró, y el Gral. Mola fue informado ¡tres días más tarde! de lo sucedido. Tampoco una vez enterado el Tte. General Berenguer hizo el menor caso. Las autoridades estaban en las nubes y pensaban que el régimen monárquico era sólido y tenía el futuro asegurado, por lo que estos conciliábulos republicanos estaban condenados a un sonoro fracaso. Por otra parte Mola se centraba en los sindicatos anarquistas de la CNT y en algunos militares y marinos sospechosos de lealtad al rey.

El 22 de agosto, en Madrid, se celebró un mitin en la Plaza de Toros que asombró a los mismos republicanos por la presencia masiva popular, unas veinte mil personas, y por el riguroso órden con que transcurrió toda la jornada. La reunión, denominada de "solidaridad republicana", duró tres horas y hablaron Abad Conde, en nombre de la Organización Republicana Gallega Autonomista; Marco Miranda por la Unión Republicana de Valencia; Martínez Barrio, por los republicanos andaluces; el doctor Cárceles, por el partido federal; Azaña, en representación de Acción Republicana, Domingo, por los radicales socialistas; Alcalá Zamora, por la Derecha Republicana y Lerroux, por el partido radical.
El discurso que causó más impresión, por su oratoria totalmente diferente a las de los otros líderes, fue el de Azaña. Fue un discurso vibrante, enérgico, y lleno de conceptos que, a pesar de transcurridas las décadas, no ha perdido vigencia por la profundidad de sus pensamientos. Un ejemplo de ello son estas palabras de su intervención:
Nosotros no podemos rematar estas declaraciones poniéndoles como conclusión la promesa de una era de felicidad, de ventura y de grandeza. La libertad no hace felices a los hombres; los hace simplemente hombres
Fueron totalmente innecesarias las grandes medidas de seguridad tomadas por Mola. Los asistentes al acto se disolvieron en grupos por la calle de Alcalá sin perturbaciones de ninguna clase. Ni siquiera lo más enemigos de los republicanos dejaron de reconocer, esta vez, la magnitud del acto sucedido.

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