He empezado un libro aparecido hace muy poco. Se trata de "El filósofo entre pañales" de una autora para mi desconocida, Alison Godnik (Editorial Temas de Hoy, 2010). El título me atrajo y el tema es de los que frecuento: la manera como pensamos y que factores externos e internos influyen en ello.
La autora afirma que "los seres humanos no viven en el mundo real" (pág. 33) y aunque resulte provocativa no deja de ser verdad, aunque hubiera preferido otra menos impactante: los seres humanos no viven, sólo, en el mundo real. Alison Dognik se refiere a todas las fantasías que surgen de nuestra imaginación y a las que asignamos también una realidad suficiente. Estos mundos "contrafactuales" se refieren tanto al pasado, al presente como al futuro, y el niño pequeño es un experto en crearlos y darles vida.
Para explicarnos cómo también el adulto usa los contrafactuales deliberada e inconscientemente pone dos ejemplos uno muy conocido y el otro bastante ignorado. Si dos hombres pierden su avión, el primero por pocos minutos y el segundo por mucho tiempo, ¿adivinen ustedes cual quedará más fastidiado? Los dos perdieron, pero el primero considera, espontáneamente, una situación posible y probable (contrafactual) que le hubiera ahorrado este problema al no perder esos minutos valiosos.
El otro caso se refiere a los que alcanzan el podio en cualquier deporte. Al que salió segundo se lo suele ver con cara más triste que al que llegó en tercer lugar ¿por qué? Porque el segundo considera su situación desde el punto de vista del que perdió "por poco" y el tercero la considera desde el que consiguió "subir al podio" esta vez.
Con experimentos especialmente diseñados la autora muestra que los niño pequeños, menores de cinco años, y los bebés, menores de tres años, son capaces de pensamientos contrafácticos y de utilizar su imaginación para crear mundos paralelos donde ensayan sus nuevos conocimientos.
Me parece un libro muy interesante.
La autora afirma que "los seres humanos no viven en el mundo real" (pág. 33) y aunque resulte provocativa no deja de ser verdad, aunque hubiera preferido otra menos impactante: los seres humanos no viven, sólo, en el mundo real. Alison Dognik se refiere a todas las fantasías que surgen de nuestra imaginación y a las que asignamos también una realidad suficiente. Estos mundos "contrafactuales" se refieren tanto al pasado, al presente como al futuro, y el niño pequeño es un experto en crearlos y darles vida.
Para explicarnos cómo también el adulto usa los contrafactuales deliberada e inconscientemente pone dos ejemplos uno muy conocido y el otro bastante ignorado. Si dos hombres pierden su avión, el primero por pocos minutos y el segundo por mucho tiempo, ¿adivinen ustedes cual quedará más fastidiado? Los dos perdieron, pero el primero considera, espontáneamente, una situación posible y probable (contrafactual) que le hubiera ahorrado este problema al no perder esos minutos valiosos.
El otro caso se refiere a los que alcanzan el podio en cualquier deporte. Al que salió segundo se lo suele ver con cara más triste que al que llegó en tercer lugar ¿por qué? Porque el segundo considera su situación desde el punto de vista del que perdió "por poco" y el tercero la considera desde el que consiguió "subir al podio" esta vez.
Con experimentos especialmente diseñados la autora muestra que los niño pequeños, menores de cinco años, y los bebés, menores de tres años, son capaces de pensamientos contrafácticos y de utilizar su imaginación para crear mundos paralelos donde ensayan sus nuevos conocimientos.
Me parece un libro muy interesante.
Comentarios
Publicar un comentario