Trotski, en su autobiografía (escrita en 1929 cuando es expulsado de la URSS por Stalin), cuenta su versión del 2º Congreso del POSDR. Escribe que obtuvo el mandato de delegado por la Liga Siberiana y que como tal estuvo en ésta reunión histórica. La cosa se puso ya al rojo vivo con la cuestión de quien era militante reconocido. Lénin por un lado y Mártov por el otro se oponían; el primero quería incluir sólo a los que estaban insertos en una organización del partido y el segundo también a los que colaboraban con los socialdemócratas. La derrota de la posición léninista fue el preludio de una nueva maniobra de Lénin quién logró imponerse por cuatro votos en la votación: el número de miembros de Iskra y del Comité Central se reducía de seis a tres en cada uno de los dos organismos. Al triunfar sobre los mencheviques (como el propio Lénin los definió), Lénin imponía a todo el partido la preeminencia de los emigrados, la redacción de Iskra sobre el Comité Central ruso y las organizaciones residentes en el interior del inmenso país. Esto no convencía a Trotski, que hasta el momento había militado en el interior, ya que pensaba, no sin razón, que los emigrados estarían muy lejos para juzgar la oportunidad de las medidas que se tomarían en las batallas futuras y que no tenía sentido dirigir al partido ruso desde Bruselas, Londres o Zurich. Por otro lado la maniobra de Lénin suponía su preeminencia completa dentro del partido, ya que al reducir el número de seis a tres el grupo de Iskra, eliminando de un plumazo a los viejos Vera Sasulich y Axelrod, dejaba a Mártov en una posición muy débil que por otra parte no podía aceptar ya que había dirigido la oposición a esta reducción. Además aislaba a Plejanov dentro de la redacción al eliminar a sus seguidores. Si bien éste se había mostrado de acuerdo con sus tesis Lénin no se engañaba en que no contaría con él fundador del partido, criado en las ideas de la democracia europea, para sus ideas dictactoriales.
Trotski justifica en sus memorias esta actuación tanto por la amistad como su admiración por la labor revolucionaria de Mártov, la Sasulich y Axelrod. Le dolía el ukase despiadado de Lénin, que no reconocía la historia de lucha de los excluidos de la dirección. Por otro lado Trotski necesita disculparse, en su escrito, de su oposición a la fracción bolchevique en la cual empezó a militar después de 1905. El líder disidente bien sabía que su actuación junto a los "mencheviques" no lo favorecía en su contienda con Stalin. Ello explica porque escribió que "volvería a actuar igual", si tuviera los mismos elementos en la mano; que no se arrepiente de esa decisión y que fue su experiencia posterior le llevó a entender la propuesta de Lénin, y que por lo tanto esa comprensión llegó, cómo era de esperar en un revolucionario consciente, a través de la lucha; no por mero seguidismo, como muchos de los bolcheviques que votaron por indicación de su líder sin comprender lo que se estaba jugando (una alusión directa a las últimas votaciones del Comité Central donde se decretó su expulsión).
Era un momento delicado cuando Trotski escribía sus memorias. Por un lado había sido expulsado del poder y convertido, nuevamente, en un emigrado sin patria y sin apoyo político; por el otro Lénin, muerto hace cinco años, se había convertido en un Dios laico manipulado por Stalin de tal forma que todo aquel que se le hubiera enfrentado, no importa cuando y por qué... no era de fiar para los comunistas de cualquier parte. Así que Trotski estaba obligado a explicar su oposición, en el 2º Congreso, al omnisapiente Lénin, sin perder de vista la campaña de desprestigio de, Stalin que aún no había terminado, sino todo lo contrario.
Así se explica estos malabarismos dialécticos para hacer entender, a los militantes no contaminados por el estalinismo, que su "Léninismo" era más auténtico porque surgía de su praxis de revolucionario entregado a su causa, y no de una aceptación pasiva a cualquier opinión de los líderes de su partido. En otras palabras, aquel que se opone puede ser mejor camarada que aquel que a todo dice que sí.
Trotski justifica en sus memorias esta actuación tanto por la amistad como su admiración por la labor revolucionaria de Mártov, la Sasulich y Axelrod. Le dolía el ukase despiadado de Lénin, que no reconocía la historia de lucha de los excluidos de la dirección. Por otro lado Trotski necesita disculparse, en su escrito, de su oposición a la fracción bolchevique en la cual empezó a militar después de 1905. El líder disidente bien sabía que su actuación junto a los "mencheviques" no lo favorecía en su contienda con Stalin. Ello explica porque escribió que "volvería a actuar igual", si tuviera los mismos elementos en la mano; que no se arrepiente de esa decisión y que fue su experiencia posterior le llevó a entender la propuesta de Lénin, y que por lo tanto esa comprensión llegó, cómo era de esperar en un revolucionario consciente, a través de la lucha; no por mero seguidismo, como muchos de los bolcheviques que votaron por indicación de su líder sin comprender lo que se estaba jugando (una alusión directa a las últimas votaciones del Comité Central donde se decretó su expulsión).
Era un momento delicado cuando Trotski escribía sus memorias. Por un lado había sido expulsado del poder y convertido, nuevamente, en un emigrado sin patria y sin apoyo político; por el otro Lénin, muerto hace cinco años, se había convertido en un Dios laico manipulado por Stalin de tal forma que todo aquel que se le hubiera enfrentado, no importa cuando y por qué... no era de fiar para los comunistas de cualquier parte. Así que Trotski estaba obligado a explicar su oposición, en el 2º Congreso, al omnisapiente Lénin, sin perder de vista la campaña de desprestigio de, Stalin que aún no había terminado, sino todo lo contrario.
Así se explica estos malabarismos dialécticos para hacer entender, a los militantes no contaminados por el estalinismo, que su "Léninismo" era más auténtico porque surgía de su praxis de revolucionario entregado a su causa, y no de una aceptación pasiva a cualquier opinión de los líderes de su partido. En otras palabras, aquel que se opone puede ser mejor camarada que aquel que a todo dice que sí.
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